Páginas

sábado, 1 de diciembre de 2012

Yo sigo recordándote, espero que lo sepas

Disfruta de las pequeñas cosas, porque tal vez, algún día vuelvas la vista atrás y te des cuenta de que eran las cosas grandes.

Una vez leí que con 50 años habremos conocido a lo largo de nuestra vida a unas 20.000 personas. Haciendo una regla de tres, obtuve que alguien de 16 años habría conocido aproximadamente a 6.800 personas. Pongamos que la mitad de esas personas, es decir 3.400, son hombres y la otra mitad, mujeres. Y supongamos que de esos 3.400, solo 1/3 están dentro del margen de edad en el que se incluyen todas las personas con las que podríamos tener una relación. Es decir, descartamos 2/3 en los que se encontrarían aquellas personas de las que nunca podríamos enamorarnos: familiares, niños, ancianos... Nos queda alrededor de mil personas. De todas esas, nos enamoraremos de una sola. Estamos hablando de una milésima parte, de 0'001. Y, a su vez, esa persona de enamorará de una sola entre 1.000. De esta manera, la probabilidad de que la persona de la que uno se enamora sea precisamente la persona que se enamora de uno, es, según las matemáticas, (1/1.000) · (1/1.000), lo que es igual a una posibilidad entre un millón. Así que, si se diera esa improbable situación de poder estar con la persona que quieres, si el destino ignorase a 999.999 opciones y convirtiera esa única posibilidad que había entre un millón en un hecho, en una realidad, ¿qué sentido tendría no aprovecharla? ¿Qué más da lo que venga luego? ¿Qué importa lo complicadas que sean las circunstancias? Si lo más difícil, lo que tenía una posibilidad entre un millón, ya ha ocurrido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario